Cómo establecer unos límites sanos

Equilibrio en unos límites sanos

Un aspecto práctico de la inteligencia emocional es el establecimiento de unos límites sanos en las relaciones con uno mismo y con el entorno.

Para el establecimiento de estos límites de forma saludable hay que trabajar también otros aspectos de la vida interior como la autoestima, el autoconocimiento o la motivación, ya que la persona forma un sistema complejo donde no se pueden aislar sus diferentes cualidades. Esta dimensión global de la persona hará, por otro lado, que una mejora en algún punto repercuta positivamente en todo el sistema, aunque haya unos aspectos más desarrollados que otros.

Los límites sanos tienen una serie de características por las que podemos identificarlos frente a otros que cohibirán la libertad personal y relacional; la persona con límites sanos se valora a sí misma y es leal a sus principios; de aquí la importancia de la autoestima, la capacidad asertiva y la fortaleza, aspectos que con una permeabilidad suficiente para adquirir nuevos valores, más efectivos, la persona puede desenvolverse con éxito en la mayor parte de las situaciones sociales, ya que segura de sí, comparte sin miedo su opinión.

Unos los límites sanos establecidos de forma interna completan este aspecto, generando suficiente empatía y moderando su actitud hacia los demás al valorar con respeto la opinión de los otros sin pretender, ni imponer su criterio, ni anularlo anteponiendo en todo caso la postura ajena. Así empatía y autoestima se equilibran en una persona con límites sanos.

Es conveniente ser consciente de las propias necesidades y limitaciones, físicas y psicológicas, lo cual facilita a la persona el discernimiento de cuándo pedir ayuda y cuándo aceptarla, pudiendo formular la petición abiertamente junto con los deseos y metas. Igualmente, de forma recíproca, acepta negativas sin acritud ya que sabe diferenciar aquello sobre lo que tiene control y lo que está bajo dominio ajeno.

Otro grupo de características atañe más al comportamiento exterior de la persona, que a su disposición interna; la persona que ha establecido correctamente sus límites sabe cuánto y cómo compartir los aspectos de su vida íntima y por lo tanto, sabe limitar también, cuánto y cuándo conceder acceso a los demás a su foro interno. La persona así ha aprendido a dar y recibir de manera sana y equilibrada.

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